Las palabras llovían como puñales uno tras otro sobre mí
desangrándome, matandome una y otra... y otra vez
la cuenta ya habia perdido, ¿Cuántas vidas tenía?
parecían infinitas, aún así, ¡despedazábanme todavía más!
Como soldados, a los que se entrenan para matar
los desaires se formaban como escuadrones de la muerte
y cada noche me buscan, cada noche me raptan
cada día me rerviven y me abandonan a mi suerte.
Solo existe un elixir, un bálsamo, un consuelo
capaz de aplacar hasta los más viles tormentos
un éxodo me liberará por fin de este fatídico sueño
pero faltan aún desnudar algunos sentimientos.
No dejaré hasta que mi paciencia se agote
y esta se comparaba al infinito cielo,
conforme pasa el tiempo ella se va esfumando
pero con ella el tiempo, pierde su significado.