viernes, 14 de noviembre de 2014
Dulce de ver...
Porque una y otra se pueden confundir,
Tu cuerpo confines no encuentra,
La belleza, de tí,
y digo: ¡Ay de mi!
Que a mi inspiración alimenta...
¿Que azul no es el cielo?
Pues desde que te he visto,
A decirte no resisto,
Que más agradable no veo,
Y los rizos en los que me puedo perder,
Dulce confusión,
Perderse entre la inspiración,
Con solo... Ver...
Y ver que me pierdo,
Por no perderme de ver,
¡No!, ¡me quiero perder!
Pues más dulce la vista, no se puede hacer...
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Llora y se empaña.
Esta ahí, acompañando a la Luna?
Esa pálida, vueltera y envidiosa de una, que más brillo posee, pues no es un reflejo,
Pues Por sí misma brillo tiene,
Y por eso se empaña el espejo,
Cuando la envidiada de bañarse sale,
Son lágrimas las que al espejo le caen, por verla sin la censura de la vestimenta,
Y aunque mirarla intenta,
Nada más complicado que tal hazaña,
Pues al poner sus ojos en los suyos, ni bien llora, se empaña.
martes, 4 de noviembre de 2014
Mar de aire
Cuando te veo,
El cielo se vuelve mar,
Donde libre puedo volar,
Porque al verte buceo,
Por océanos de ensoñaciones,
Donde se funden los colores,
Con la esperanza alegre de los sueños,
Y el perfume sublime de las flores.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Poema capicúa
Abrigo invisible
Elixir de sentir es tu cuerpo al amanecer,
Cuando el circo de caricias,
Da comienzo a la función,
Y los besos equilibristas,
Dan vértigo a la emoción,
No se olvidan de los números del concierto anterior,
Que fue al anochecer,
Con indómita pasión,
Como una canción, por las pistas,
Va la melodía, modelo de revistas,
En papeles de armonías,
Incesantes caricias,
Empiezan a acontecer.
Por mis manos traídas,
Tuyas, caricias mías,
Por tus manos llevadas,
Y de tus dedos a mi piel dejadas,
Empiezan, Espian, exploran y queman,
Rascan, rasgan, Rompen, raspan y quedan,
Y, vestido incierto,
Invisible corporal calor violento,
Vestidura no visual de caricias y firmamento,
Que a tu ausencia censuran,
Que desde tu ausencia miran,
Que por tu ausencia viven,
Que en tu ausencia respiran,
y de tu ausencia... Me abrigan,
domingo, 2 de noviembre de 2014
Érase un gran héroe grandemente estudiado
En todas las épocas todos los genios fueron incomprendidos y este no le comprendía, no como los que sí sabemos de música, que podemos hablar de ella durante horas y, depende el caso, traer a colación músicos antiguos y desconocidos pero no para que los escuches, sino para que escuches cuanto era de conocido y en qué proporción ignoras tú, pobre diablo ignorante de la música, su existencia, o también para saber, sin ningún tipo de finalidad útil, reflexiva o de cualquier tipo, qué escala se podría hipotéticamente usar o que quedaría bien improvisar con ella en una melodía determinada, aunque no se vaya a improvisar en ese momento, ni tampoco sepas hacer la mencionada escala y que, en caso de que supieras hacerla, no necesitarías que un otro explícitamente mejor que tú, te la nombre pero, otra vez, dar una porción útil de información no era el fin de la misiva, sino repetir en voz alta todo aquello que cuanto wikipedia dice, pero sin necesidad de recurrir a la misma.
Como decía, nuestro héroe estaba trayendo la luz del conocimiento de muchos datos y desasnando a sus colegas, a excepción de una, cuyas virtudes exceden todo cuanto se pudiese escribir, tanto en este como en otros escritos, tanto en este autor como en otros autores (Incluyendo también a los doctores forenses, cirujanos, e instrumentadores quirúrgicos en letras). Por suerte ella recordó la influencia que la presión atmosférica hacía, a esos presuntos 100º de ebullición en los que se sublima el más básico líquido, a aquél colega asombrado que, además de la música, tampoco era muy adentrado en la física. Pero que le agradeció de sobremanera haberle corregido su error que, si no lo hizo explícitamente en aquél momento, fue implícita porque por dentro pensó: ¡Ay de mí cuanto tiempo menos tardaría en dar guía a reflexión alguna con ella a mi lado!. Luego pensó en agradecérselo en algún escrito que hiciese, pero de forma muy subliminal y casi invisible, como un camaleón que no es menos
espía que ninja, Mas luego, en la constricción que le produjo el encuentro, pensó que ese había sido el único dato relevante en todo el encuentro, que como soy escritor omnisciente, puedo atribuir citas semejantes, no porque hubiese estado ahí. En cuanto a nuestro héroe grandemente estudiado de música sentíase como un fideo en su salsa, una arveja en su lata o, ya que estamos con los productos en conserva, una de esas cuyo contenido no es de nuestro interés pero que por debajo de donde dice el nombre del contenido, el cual de nuestro interés carece, dice: al natural. Tanto o más a gusto parecía sentirse nuestro ilustrísimo héroe.
Podría escribir y dar cita de todo cuanto dijo y así debería de hacer, pues pocas cosas son más importantes que ello, tanto en la vida, como en la tierra pero que figura insólitamente ausente en la lista de las cosas importantes de vida y tierra. Además porque es lo que en mayor medida concierne a nuestro héroe, quién fue quien las dijo. Lamentablemente no hay registro de se sus sonoras palabras, pues ni siquiera un grabador convencional puede prestar atención suficiente como para que guardado sea en la memoria, ya de neuronas, ya de cilicio. Solamente uno de estos datos de relevancia suma e inexpresablemente indecible ha sobrevivido a esta falta de tacto de la naturaleza y tecnología, que hace olvidarlos y es el siguiente: Los paraguayos que, son los tocadores de arpa por excelencia, tienen el Arpa más chica (o más grande) que los colombianos (o peruanos) y que aquellos heredaron tan sublime instrumento de los jesuitas que no dejaban hablar a nadie frente a los indígenas lengua que no fuera de los indígenas, lengua que no es la que en realidad ser debía, sino la que los jesuitas podían escribir y entender. El compañero asombrado entre estas y otras frases de menos importancia, lanzaba exclamaciones cada tanto como: ¡Oh! Y también algunos: ¡Ah! Acompañado de un asentir muy convincente, y lo era, porque las exclamaciones se debían exclusivamente al asombro de encontrar un dato y saber tan poco qué hacer con él, sentimiento paralelo al de estar jugando al Tetris y de repente ver que cae una motocicleta Yamaha roja, tuneada y preparada para salir primera en cualquier carrera, tan solo para decir: ¡Oh! pero que hermosa motocicleta, ¡claro que si! Pero estoy jugando al Tetris y esa moto no solo no me sirve, sino que tampoco puedo llenar los espacios de entre medio y alrededor, condición menester para ganar dicho juego, lo que lleva a perderlo asombrada y tristemente.
Luego, algo increíble sucedió, un músico fue motivo de charla de todos los integrantes del grupo, grupo liderado de manera implícita por nuestro héroe en su cabeza que, Paradojicamente nuestro héroe y ahora líder, interpeló a todos con un uppercut argumental en la mandíbula del ego, en una competencia implícita de quién demonios tiene la razón, con un: ¡Cómo, ¿vos escuchas a ese músico, del que yo conozco más, y no sabes de su vida, sus amoríos, sus hobbies, sus preferencias culinarias, el relleno del colchón en el que dormía, que tenía un amigo que se llamaba Florencio, que coleccionaba hormigas y que una vez salió primero en la competencia de tiro con dardo? Entonces sos un mediocre que no conoce de qué habla!
Supongamos que usted, quien lee, se encuentra con nuestro héroe, he aquí una guía de procedimiento para poder comportarse en consecuencia.
Corra de manera veloz, simplemente corra, corra y vaya hasta algún representante de dios en la tierra, luego de buscarse un dios al que rezar, y pidale la salvación eterna de lo que sea que ese dios te amenace, preferentemente que sea único y verdadero y que esté firmemente argumentado, con evidencias irrefutables tal como testimonios incomprobables y o libros cuya procedencia sea de origen desconocido, y sálvese.
Agua veneno
¡Dichosos aquellos que culminarán sus penurias ambientales en el calor de un brebaje, en el resguardo de la tormenta insaciable y junto al fuego de la amistad!. Cuando a mí en medio del huracán del transporte público, en medio de tormentas ferroviarias, inertes e inhóspitos páramos desolados, tan fríos y tan grises como el día, y sino más que el corazón de sus habitantes, me esperan.
¿cuántos deseos de viajar, cuando empapado del envenenado humo de cálculos semejantes e interrogaciónes símiles, me pueblan?