Comienza el día,
Desperta el sol con el alba,
Y se despega del horizonte,
Aún no se despega,
Y con toda su fuerza a esa línea infinita del fin del mundo se aferra,
Y se desprende, y se resigna,
Como un globo de helio, que soltado por la negligencia de un niño comienza a volar por el cielo, y rompe en llanto y el Sol, al ver espectáculo tan similar al suyo, se siente identificado y también lo hace.
Y comienza el día, y el cielo se azula, dejando en el cielo oscuridad nula, y se colorean las tejas, y todo adquiere colores vivos, no apagados. No, ya no más. Es dios en el cielo, que ajusta con su control remoto, la imagen de su canal favorito, y lo pone a su antojo.
Comienza la novela diaria,
La gente mansamente avanza, pero tal vez, hoy explotan, piensa dios reclinando un ostentoso sillón, digno del artífice del mundo.
Tal vez hoy explotan, piensa, mientras da un sorbo a su café, que disfruta mucho porque es de nicaragua. Hoy tal vez alguno se cansa de la rutina y explota. Como por un milagro y pareciendo dar el gusto a dios, en la tierra un hombre cuyo nombre no interesa, llamado jorge Luis Duroli. Llega al trabajo y da tremendo trompazo a su compañero de trabajo, que lo había molestado, como siempre, con su apellido. Pero jorge que si fuese vaso estaría lleno y si la chanza fuese gota habría desbordado. Este vaso se volcó de lleno, rodó de la mesa y hasta cayó al piso dividiendose en partes desiguales. Porque después del trompazo, jorge paso factura a su compañero de los 23 años padecidos en la empresa con él, y se abalanzaba como tigre, y lo apretaba como bombero y lo zamarreaba como campana de iglesia sin control,
Y el sol respiro con un suspiro largo, que era muy común en el sol, y siguió ascendiendo más tranquilo, pues hoy había un poquito menos de tensión en el mundo.
Y dios lanzó una carcajada con la escena y la hubiese continuado si no se hubiese volcado el café o si ese dios blasfemador no lo hubiese calentado tanto. Y el niño ya no lloraba ya se había olvidado del globo, la vida sigue y comienza el día.