Ayer por la noche un sueño llegó a mi almohada,
En cuatro patitas venía, de blanco, de negra y babeada,
Mis penas trocó en alegría,
El ver que me reconocía,
Haciendo el ladrido característico,
Donde demostraba que me amaba,
Mi antigua perrita, Lila, que a veces mordía,
Dicen que el mayor bien es pequeño,
Y que lo importante es lo que queda,
De lo que ya se ha ido,
A donde ya no se vuelva,
Y eso es justamente lo que recuerdo,
Lo que extraño, el juguete que muerdo,
Cuando debajo de la mesa jugaba,
Y de dinosaurio ella hacía,
Porque del mismo tamaño éramos esos días,
Y cuando me perseguía,
Ahi demostraba, que me amaba,
Mi antigua perrita Lila, que a veces me mordía,
Yo le decía,
-¡Está con piña lililiiiii!
Y ella con una piña entre los dientes, corría,
No sabría ella el por qué,
Ni yo tampoco, sólo sé que llovía,
Y que mojado no poco,
Detrás de ella yo andaba,
Que como su cola la seguía,
Por ese momento sé yo que me amaba,
Mi antigua perrita Lila, que a veces me mordía,
¿Por qué anoche simulaste,
Cuerpo y voz en dicha semejante?
Si aquella noche ultrajante,
En donde te sostuve hasta que me dejaste,
Que sin moverte te fuiste,
Que de mis brazos te escapaste,
A pesar de abrazarte con una fuerza,
Que yo no tenía, más toda la mía,
Para que conmigo te quedaras,
¿No son fingidas sombras vanas,
discutir con el displicente?
¿Es que es implicante,
Al hecho de vivir,
Tener algo o alguien contra quién arguir?
Brazos con los que hice un lecho,
de rocas y ramas,
Brazos con los que te acosté bajo un techo,
de estrellas entrelazadas,
En noche demasiado fría,
Con mis manos de tu sangre teñidas,
Ahora que abrazarte quiero,
Que sé que hay piñas por todo el suelo desparramadas,
No te tengo, aunque sé que me amabas,
Como yo, que sé que me diste vida cada segundo de tu vida,
Blanca y negra perrita Lila, que a veces me mordía.
Es tan sutíl, está tan a la vista,
Sin embargo no se nota:
¡Cuánto que vale la vida!