miércoles, 24 de septiembre de 2025

Mueren guerreros sin pelear

 Me voy de este mundo, pero eso no es lo peor, me invade la tristeza y no es la muerte, a pesar de estar seguro de su inmediato advenimiento. Hoy me doy cuenta que emular cualquier narrativa literaria en la vida propia es una fórmula para el desengaño. Cabral, el soldado heróico que falleció salvándole la vida a su General tiene una historia y un himno, no así el resto de los miles de muertos en combate. El resultado es el mismo, pero la forma ¡Oh la forma! lo cambia todo. "Falleció" es gracioso pensarlo, "se murió" como si uno tuviera alguna manera de hacerlo... nadie "se muere" siempre lo mueren, te mueren otros, uno puede tomar una acción para la suspensión de las funciones vitales mediante el movimiento de caída vertical uniforme; Hay muchas cosas que uno puede hacer con su cuerpo, levantar un brazo, levantar los dos brazos, etc. Tareas que, ninguna de las cuales es morirse. El lenguaje es siempre una verdad enmascarada de sí misma, no obstante, no conocemos nada más verdadero aún. Nadie muere, sino que LO mueren. Digresión aparte. Tres mil quinientas horas de práctica, Tres mil quinientas posibilidades de sobrevivir, perdurar, escribir una historia como el personaje principal o de sus allegados y, he aquí la dolorosidad del hecho, salteando los sentires convencionales. Me prepare para esto.... He venido a pelear... Quería venir aquí, para templarme en combate... Para luchar... Doble ha sido mi desengaño: el segundo, porque me he ido sin luchar, sin ver en el campo de juego toda una vida de práctica. Hay quien canta: Mueren potros sin galopar, aquí sería mueren guerreros sin luchar. Siempre que nos han atacado se ha presentado mi ausencia... ¿De qué ha valido ser guerrero?
Y lo primero, la trampa narrativa del destino ha querido pasar su guadaña sobre el trigo de mis esperanzas ¿cómo me voy así? ¡Ah el desengaño! Existe Sylvester Stallone, el soldado Cabral, pero las posibilidades de ser uno son iguales a cero. Uno puede ser el protagonista de su propia vida, de hecho lo es. Por eso, para salvar al  mundo es necesario salvar el mundo de la vida propia, el destino de la humanidad se juega en cada uno. Porque el mundo no es el mundo, sino la idea del mundo y hoy mi mundo se desvanece, ya no volveré a reflexionar, ni explorar con Emma, no saldré a cazar con Tobías y Evans, ya no me alegraré en la cocina con las ocurrencias de Sarah, a Mordecai con la ropa, a Wade y Harin con arreglos, a Koulder con los autos, a los Johnson por tener más que el almacén de la Base. A Samantha cuyos ojos que me miran ya no volveré a mirar jamás. La única que venía a preguntarme si tenia hambre, si necesitaba ayuda, y que me recordaba no olvidarme de mí. Perdóname Samantha, me olvidé de mí y gracias, por pensar en alguien más además de ti, por compartirme tu comida antes de guardártela para ti, por darme lo mejor que tenías y no lo que te sobraba a ti... Quizás haya esperanza aunque yo no la tenga... Intento decirte todo esto pero no me salen las palabras... Apreto tu mano fuerte y te miro a los ojos... Todo lo que te digo no te lo puedo decir, creo que a pesar de no decirte nada, me entiendes aunque se me derramen las lágrimas. Perdóname Sam, te prometí muchas cosas que ya no serán... Perdóname... Te apreto la mano, y también lloras, me decís que no me vaya y esta vez no lo podré evitar. Me fui para explorar, me fui para seguir la muralla y ahora me voy una vez más. Perdóname Sam, apreto tu mano con fuerza pero las palabras no logran salir a la luz para que las puedas escuchar. Trato de acercarme pero solo consigo hacerte un gesto, el coche va a toda velocidad. Apreto tu mano lo más que puedo, ojalá me pudieras escuchar... Acercas tus labios a los mios y me hablan de inmensidad, de sabor y de suavidad, los besos a veces son besos y a veces son mucho más, a veces a besos a voces, a veces a besos sutiles a veces abismales besos, a veces besos vacíos, a veces a besuqueos que roban el alma, que son saqueos, a veces advertidos, a veces a vecinos virtuales desconocidos, a veces descosidos, No me sueltes Sam, este es nuestro último y primer beso. No te voy a soltar, no me sueltes que el coche va a toda velocidad. Perdóname Sam. Quiero sostenerte aunque ya no pueda más, Quiero preguntarte aunque no te pueda hablar. Sé que las lágrimas son agua y van al mar, sé que los suspiros son aire y al viento van, pero el amor que no se ha dado Sam, el amor que no se ha dado... ¿Sabes tú a dónde va?