Querido Lector, jamás esperé que este blog fuera leído,
Por lo que le advierto que este permanece en el olvido.
Muy cada tanto cuando en sentimientos exploto,
publico algo, aunque sea un esbozo.
Pero mucho me temo que nada he terminado,
Y vivo en constante tensión, y ensimismado,
lamentablemente no están todos mis pensamientos.
Más al lector le advierto, que estos son muchos
que no soy emo, que soy más bien músico en el proscenio
que a nada temo, sino a la rutina y a la decadencia del ingenio.
La artífice de mis suspiros, a quien aquí casi no dedico ni coma,
se encuentra allí, esperando por mí... (Estará en su casa, ahora)
Pero esta es la Armonía nocturna, dedicado a la noche melancólica
a mis amigas las estrellas, a la luna, a la bruma y a esta vida que es tan bella,
Pero por sobre todas las cosas,
Quien se lleva las gracias,
Son mis libros y mis desgracias,
Que han hecho de mi vida un lecho de rosas.
Es cierto que disfruto muy poco
y que a lo largo del día,
pequeña es mi alegría,
y al ocaso me entrego, loco.
Y miro fijo a la Luna,
Para escapar del mundo,
sumergiéndome profundo,
En ese padecimiento que abruma,
Este blog está dedicado, a la poesía, a la luna y a los sentimientos
¡Y con esto no digo que ella no esté en mis pensamientos!
Bueno ya fué suficiente exordio.
Disfruten, pues la métrica fue compleja
Y si acaso a alguien he inspirado,
La suprema virtud de las letras...
Entonces mi sueldo, estará pago...
miércoles, 24 de julio de 2013
Lo último que se ven son las estrellas.
Lo último que se ven son las estrellas.
Sin embargo, me decía, allí en lo alto del cielo. ¿No son las estrellas? Al menos esos puntitos que se vislumbran entre los edificios, han de ser ellas. Y en mi mente continuaba esta oración, que sin estar en ninguna canción, se me había pegado como una de esas canciones a la moda, que son a la mente, lo que un chicle al zapato. Sin embargo, esto no era igual, No, me decía yo. Lo último que se ven son las estrellas, ¿Cómo podría ser? Y pensé en el alma, al elevarse en su asombrosa ascensión. ¡Un alma con ojos y cerebro para ver y procesar la visión... Ja! y una comisura se elevo en sorna actitud. Así erraba por la pavimentada selva moderna. Uno y mil pensamientos tenía, venían y se iban, alguno se quedaba, para ser contra-decido por otro pensamiento que nacía pero que de razón carecía. Cada tanto volvía a la semilla que me había zambullido a esta inexorable aventura, lo último que se ven son las estrellas. Apuré el paso, tal vez por no perderme de aquello que el destino me deparaba o para escapar de él, o tal vez por simple ansiedad.
Entonces las vi. En el fondo de las pupilas de sus ojos, un vértigo me estremeció, un abismo sobre mis pies se erigió y en un segundo, 360 grados el mundo giró. Ella me estaba mirando fijamente a los ojos.
En cuanto la vi, sonreí, pero no quite la mirada como siempre hacía, como un actor que se enamoraba, no, esto era diferente. En mil cosas pensaba y en ninguna, todo se entremezclaba y a nadie escuchaba. Pues Perdido en sus ojos estaba. Apenas podía entender como esta persona que apenas conocía hacia mí venía, cómo me hacía señas y comenzó a correr hacia mí... Yo, solo sonreí...
De pronto, a unos metros de mí, ella se detuvo repentina, se detuvo como si fuese a caer por un acantilado cuyo fondo es negro como un vacío infinito. Su rostro de sorpresa se tornó en pánico espanto. Mi sonrisa se esfumó.
Entonces las vi. Su rostro estaba pálido, sus manos tapaban su boca, sus ojos, aunque desconocidos para mí, estaban tristísimos, anhelando decir algo, que tarde entendí.
Entonces las vi. En el fondo de sus pupilas, en el iris de quien nombre jamás supe, pues no importaba, pude entender el universo. El tiempo se detuvo, e hice un viaje, mi último viaje, hacia donde la imaginación no concibe fronteras, por entre planetas, asteroides y cometas, me detuve frente al sol y pude mirarlo sin molestias, como quien mira el fuego de unos leños arder, pero esta vez en el bosque del universo.
Entonces las vi. granos de arena por doquier, estrellas lejanas, cercanas y a veces solo la luz, que quedo de ellas. El tren pasó, mi esperanza de vida se llevó pero no sin antes comprender, que lo último que se ven, son las estrellas.
Sin embargo, me decía, allí en lo alto del cielo. ¿No son las estrellas? Al menos esos puntitos que se vislumbran entre los edificios, han de ser ellas. Y en mi mente continuaba esta oración, que sin estar en ninguna canción, se me había pegado como una de esas canciones a la moda, que son a la mente, lo que un chicle al zapato. Sin embargo, esto no era igual, No, me decía yo. Lo último que se ven son las estrellas, ¿Cómo podría ser? Y pensé en el alma, al elevarse en su asombrosa ascensión. ¡Un alma con ojos y cerebro para ver y procesar la visión... Ja! y una comisura se elevo en sorna actitud. Así erraba por la pavimentada selva moderna. Uno y mil pensamientos tenía, venían y se iban, alguno se quedaba, para ser contra-decido por otro pensamiento que nacía pero que de razón carecía. Cada tanto volvía a la semilla que me había zambullido a esta inexorable aventura, lo último que se ven son las estrellas. Apuré el paso, tal vez por no perderme de aquello que el destino me deparaba o para escapar de él, o tal vez por simple ansiedad.
Entonces las vi. En el fondo de las pupilas de sus ojos, un vértigo me estremeció, un abismo sobre mis pies se erigió y en un segundo, 360 grados el mundo giró. Ella me estaba mirando fijamente a los ojos.
En cuanto la vi, sonreí, pero no quite la mirada como siempre hacía, como un actor que se enamoraba, no, esto era diferente. En mil cosas pensaba y en ninguna, todo se entremezclaba y a nadie escuchaba. Pues Perdido en sus ojos estaba. Apenas podía entender como esta persona que apenas conocía hacia mí venía, cómo me hacía señas y comenzó a correr hacia mí... Yo, solo sonreí...
De pronto, a unos metros de mí, ella se detuvo repentina, se detuvo como si fuese a caer por un acantilado cuyo fondo es negro como un vacío infinito. Su rostro de sorpresa se tornó en pánico espanto. Mi sonrisa se esfumó.
Entonces las vi. Su rostro estaba pálido, sus manos tapaban su boca, sus ojos, aunque desconocidos para mí, estaban tristísimos, anhelando decir algo, que tarde entendí.
Entonces las vi. En el fondo de sus pupilas, en el iris de quien nombre jamás supe, pues no importaba, pude entender el universo. El tiempo se detuvo, e hice un viaje, mi último viaje, hacia donde la imaginación no concibe fronteras, por entre planetas, asteroides y cometas, me detuve frente al sol y pude mirarlo sin molestias, como quien mira el fuego de unos leños arder, pero esta vez en el bosque del universo.
Entonces las vi. granos de arena por doquier, estrellas lejanas, cercanas y a veces solo la luz, que quedo de ellas. El tren pasó, mi esperanza de vida se llevó pero no sin antes comprender, que lo último que se ven, son las estrellas.
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