Adiós, veré el final sobre los ladrillos que he construido, manchados con el sudor de mi cansancio y las sangres de mis caidas. He muerto más aquí que con los zombies de ahí afuera, más me han matado mis propias trampas y en el intento por querer conseguir más seguridad... la tuve menos, nadie me ha matado tanto como yo, aquí, en la torre de babel de siete pisos.
Al menos tendré el placer de irme, aquí, sobre estos cuadrados, un montón de código binario que se esfuma en un parpadeo. Un castillo de arena que la marea se lleva irremediablemente. Polvo sobre más polvo, pulsos eléctricos controlados por otros púlsos electricos, quizás cotrolados por otros púlsos eléctricos, que llegan, juegan y se van.
Agradezco a la facción Barotrauma por haber hecho el juego ameno, a los admins por sus benéficos eventos y a los JK por servirnos de villanos, detractores, antagonistas del juego.
Adiós zombies hambrientos, calles y árboles, paredes y objetos. No debí manejar de noche, que es cuando la nostalgia mora al acecho. Al final, amigos y enemigos nos vamos a un mismo tiempo, tanta riqueza guardada no es más que polvo, o incluso menos. Al final del juego, peones y reyes vuelven a la caja del mismo tablero.
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