jueves, 8 de enero de 2015

De los aromas de las flores de Cal

Humildes aromas que sobre la gente,
Se manifiestan en el ofato, ¡Tan dulce!
Como quien ahora lo recuerda y siente,
Que el perfume al sentimiento se traduce.

¡Quién pudiera ver aquella flor,
Cuya hermosura indomita y sublime candor,
Hacía más bella la primavera.

Porque ninguna vez, ni por vez primera,
Sucedio aquello,
Que ahora hace fundir,
Mis labios con el deseo,
Cuando con sus labios,
Quisose connfudir,

¡Osados, labios valientes,
Bizarros, ordenados
Por corazón ardiente,
Detengan su tormentoso ímpetu!

Y a desazón mía así lo hicieron,
Rozar tal cielo no pudieron,
Y no se conformaron con el arbóreo perfume,
Ni con la brisa mimosa que acariciaba,
De árboles y viento,
Que con tanta amabilidad los ofrecíam sin desgano,

El aire, poblado de palabras inconfesas,
Tibio aire y nada tenso,
Sino contrario a todo lo malo,
Aunque sea tenso lo necesario,


 Para hacer a las cuerdas sonar,


Melodía dulce que ahora en el recuerdo estás,
¡Qué de recuerdos ahora tuviera,
Si un abrazo de lenguas el momento aquél fuera!
No siendolo así, bruma nebulosa de las memorias,
Sé que en cualquier momento te irás...

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