lunes, 4 de agosto de 2014

Fantasmas de la noche

Cuando la noche es oscura,
Y el aire un murmullo incesante,
Cuando el silencio cortante,
Se siente como espesa bruma,

Sólo me queda un rayo de luna,
Como en el aseo la espuma,
Para matar a esta muerte tediosa,
Que es, en la noche plateada, una
Villana, perversa, infame diosa,

Que ronda, a pisotónes, terrible,
Con espamento hace alarde de lo indecible,
¡inaguantable deidad! ¡ay! Quema,
Pues como una canción suena,
Básica, repetida, repugnante, blasfema,
¡Mediocre, inútilmente docta!
¡Ay, arde en los pies y en la mente,
Por entre la ropa perdido carbón caliente!
Y encima no tienes la culpa de este amargor,
Que hace a la noche más oscura,
Donde se esconde la luna,
Y siento el rigor,
De los fantasmas harto peores que los famosos fantasmas de películas,
Fantasmas íntimos, míos solos, esperanzas perdidas, sueños incumplidos ¡atrás! No han de asustarme, no. Estoy vivo,
Con eso basta, ni un paso más a través de mi alma, los acepto, los veo, no los olvido,
Y en vida los vengaré. A todos y cada uno de los sueños caídos,
Llevaré, a la gloria de ser cumplidos, al honor de no ser olvidados, no, a todos llevaré conmigo,
Acomodense en mi corazón, hay espacio. Sí, tu también amor,
olvidado, hasta hoy. Ya no más fantasmas de la noche, sueños rezagados,
los oigo, los veo y pienso vengar, ¿cómo? del más pequeño al más grande he de cumplir, que para eso esta el vivir,
no os preocupéis sueños y esperanzas, que todas oiré y a todos satisfechos dejaré, pronto, ahora, dejadme dormir.

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