martes, 10 de febrero de 2015

Las Aventura de The Pretty Pete, Un Play móvil valiente - Capitulo tres

De cuando nuestro héroe se encontraba en la guarida del endemoniado y pelúcheo Chiche y su resolución


Caracteres del capítulo anterior,
Chiche lo tenía en sus garras, y habían llegado a la cucha donde todos los males convergen


A Pete no le alcanzaban los ojos para mirar a su alrededor, ademas de no tenerlos, pues sólo eran dos redondeles de pintura sobre el plástico de su cara, pero llamémosle así.
El caniche abrió su mandíbula y nuestro héroe cayó entre los pedazos de juguetes haciéndolos volar por los aires con su caída, no se había golpeado, pero al ver al caniche pensó que pronto lo estaría, como cualquiera que conozca la impiedad de esa raza de pequeños demonios de algodón. Intentó cubrirse la cabeza con sus rígidos brazos y aunque en su rostro estaba pintada una sonrisa, no era tal.

El caniche abrió su mandíbula, otra vez, y dijo, ¡No temáis insignificante y plástico juguete!, Pete que estaba muy atento, pensó que sí habría un niño y aguzó el oído, porque el caniche continuó, Esto que véis aquí, oh imperecedero juguete, son mis antiguos rivales, todos uno a uno y entre varios quisieron desterrarme desta montaña de cuatro madéricas patas, y como ellos aquí vivir querían, ya a todos los véis durmiendo el sueño eterno. El play móvil estaba suspenso, no se atrevió a mover ni uno de los pocos movimientos que podía hacer: Estaba intranquilo por hallarse entre los pedazos ya sin movimiento de otros seres como él, también asombrado de que hablase español antiguo y un poco contento por ello, porque bien conocía él esa forma de referirse a causa de su libro favorito. Se acomodó de forma de estar de frente al Caniche, que estaba sentado sobre sus patas traseras y profirió, Gran Chiche de nívea y bruna cabellera, ahora opacado su brillo a causa de la oscuridad con la que nos cubre esta rara montaña, ¿Por qué me habéis traído a donde nos encontramos? Chiche lo miró directo a sus pintados ojos pero se mantuvo mudo por el espacio de interminables segundos y comenzó, Sé que no váis a creerme en esto que te diga, pero hace mucho tiempo, existió una raza de seres orgánicos. Pete no sabía qué era eso de orgánico pero no lo interrumpió, ellos andaban en máquinas construidas por ellos mismos, pues todo lo podían, todo lo que veis, joven juguete es todo paisaje por ellos creado. Tal era su poder.
Entiendolo bien, dijo Pete, pero y ¿el niño? ellos vivieron antes o después de él. El niño... ¡Era uno de ellos!
Pete se quedó como un Play inmovil y reinó el silencio por un buen rato, hasta que fué derrocado por las siguientes palabras de nuestro héroe, todo eso que me dices,Chiche, el de moño y corbatita, está muy bien pero mi pregunta sigue incontestada. El caniche Chiche de peluche le dijo, me ha enviado Sigmur el lemur. ¿Qué es un lemur?, ¡No me interrumpas juguete!, Pete se quedó más mudo que estatua, Debéis verlo, pues El aparato le ha dicho que me dijese, que yo te diga que vayas a verlo, Había quedado bien claro, ¿Dónde está?, al final de la encrespada escalera, yo os diré como subiréis.
Nadie jamas la había subido y al final de ella sólo había oscuridad, no creyó posible que alguien viviese allí arriba, no estaba seguro ni siquiera de que el caniche pudiese subirla.
El caniche tomó con los dientes un par de hélices con manubrio y dijo estas palabras, Estas herramientas mágicas a un sabroso Play movil aviador pertenecían, la escalera ya más no será inconveniente.
Pete se horrorizó, agarrado del manubrio aún estaban los dos plásticos dedos del play móvil aviador.
No os quedéis inmóvil, juguete, vamos. Nuestro valiente viajo otra vez en boca de caniche hasta el pié de la escalera, pero esta vez mucho más tranquilo, además, aunque no era seguro de nada, se había traído la mitad de una espadita verde transparente, que algunos locos en vez de usarla para jugar la utilizan para pinchar pequeños trozos de salchicha o similar.

El caniche se había ido moviendo la cola, las hélices estaban junto a él y su espadita en su mano de play móvil, alzó la vista hasta el final de la escalera, sólo se veía oscuridad.
El miedo ocupaba cada parte de su cuerpo, pero él era valiente.

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