miércoles, 4 de febrero de 2015

Las aventuras de The Pretty Pete, el play móvil de Argentina pero de otro universo paralelo.

Pete, recién había salido de la caja y aunque pete vivía en argentina, se llamaba Pete porque su caja decía The Pretty Pete, y así todos le llamaban.
Pete, era muy renegado y detestaba estar equivocado, por ello, a pesar de su escasa movilidad pues sus piernas estaban fijas, las palabras -no- y -puedo- no estaban juntas en su manual de instrucciones para niños mayores a tres años. lo que trujéronle grandes tristezas de más pequeño cuando jugaba a la pelota en la alfombra y era objeto de burla por todos, especialmente Felipe, el dinosaurio, que le jugaba las bromas más pesadas. Sus manos que consistían en dos rígidos dedos más parecido a las tenazas de un cangrejo que a dos manos. Aún así corría los más grandes riesgos para aprender más, equivocarse menos, y en mayor medida para demostrar que el otro estaba equivocado. De todas maneras sólo hacía notar los errores ajenos con malicia y astucia sólo a aquellos que se mostrasen demasiado seguros y soberbios. El era como una especie de justiciero, porque había leído el Quijote y, en cierta medida el creía ser tan ilustre personaje, por ello siempre llevaba una sonrisa de mucha confianza. The Pretty Pete, el play móvil era adorado por todos.
Cierto día se encontró con Oscar, the combat car, que era párroco y estaba dando un discurso a un extremo de la alfombra y decía con grandes gestos: Crean en el niño! Si no creen en el niño, la furia de él, que es inconcebible, caerá sobre todos, e Irán a un lugar horrible, lleno de fuego y destrucción, y serán cegados por la oscuridad eterna, olvidados para siempre por todos.^Pero él los ama, así que ¡Mejor que crean en el niño!
  Pete no creía que hubiese un niño, pero sí creía en el reciclaje y se decía, en mi próxima vida quiero ser algo útil o musical. Cuando de pronto algo interrumpió los pensamientos de Pete, era Chiche! El endemoniado caniche de peluche. A Pete, ni el delicado moño en la cabeza, ni la graciosa corbatita en el collar de Chiche el caniche, ni mucho menos el juego de palabras con su nombre exhortaban de modo alguno el terrible pánico que tan contradictoria imagen le ocasionaba. Pete, era muy valiente, su corazón tan bravo y grande, si tuviera uno, podría compararse al del famoso espadachín escocés de la famosa película cuyo nombre es la combinación de las palabras valiente y corazón, pero en distinto orden. No obstante, si Pete pudiese temblar habría parecido en ese momento que ese play móvil tuviese epilepsia. El caniche, que estaba aburrido y molesto por haber llegado último en la repartición de razas caninas y por que le parecía a él o a ella (en estos perros no se distingue) que no había nacido acaso para dar y recibir amor, sino que sólo era un elemento del paisaje, como un accesorio o un bien cuya finalidad última, oscila entre una utilidad o una entrada para ser o aparentar algún tipo de condición social determinada, determinada por la posesión del mismo. Cuando vio que Pete, a pesar de su imposibilidad para que sus sentimientos fuesen expresados a través de su cuerpo, estaba agitándose furiosa e incesantemente, como si fuese un ser vivo que por obra o accidente recibe una descarga de voltios de doscientos veinte, lo tomó entre sus dientes, feliz de la vida, por que Chiche el endemoniado caniche de peluche había encontrado chiche nuevo. Al caniche endemoniado y de peluche no le importó que tal vez esta nueva adquisición pudiese estar sustituyendo algún deseo inconcluso en el trayecto de su vida, por lo que se dedicó a jugar con él y lo llevo hasta las tierras separatistas del living que estaban al borde de la revolución y separarse de la casa.

Mientras tanto, en un universo paralelo donde los seres vivos son seres orgánicos y no plásticos derivados del petróleo o caniches tan transgenicos como las semillas de monsanto. Una señora ya mayor, enojada, estaba frunciendo el ceño fuertemente para quejarse a la cajera de que le había cobrado mal, para luego retractarse y decirle que había llegado a esa conclusión a causa de la inflación la cual había aumentado tremendamente en los últimos tiempos según la radio que escuchaba religiosamente, aún antes de que la cajera le entregara el ticket. Pete, The Pretty play móvil tuvo el mismo sentimiento que la cajera de ese otro universo ficticio cuando el caniche lo tomó entre sus dientes y la señora puso sus productos sobre el mostrador. A un universo de distancia dos seres compartieron un mismo sentir, un inmenso *surror.





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* Surror, debido a mi incapacidad para explicar este sentimiento utilizaré esta palabra, que no es otra que la mezcla entre entre el horror, el terror y el sufrir tomado con resignación y no con enfado. O si es tomado con enojo, resignandose al instante en un resoplido interminable llevando los ojos al cielo.

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